Tormentas eléctricas en el mar

Cuando es hora de navegar nos cuidamos muy especialmente de abastecer al barco con todo lo necesario. Tanto si salimos a la mar en compañía como en solitario debemos mirar el parte meteorológico y tomárnoslo muy en serio. Saber a lo que atenernos siempre es una opción acertada: ya seamos de disfrutar el mar en calma, o busquemos algo más de adrenalina y aventura.

Gracias a los avances de la tecnología, cada vez contamos con más información a nuestro alcance sobre el tiempo y el estado de la mar. Cuantos más datos a nuestra disposición, mayor facilidad de predecir las condiciones meteorológicas de las próximas horas y de no errar en lo previsto. Sin embargo, como hemos comprobado en numerosas ocasiones los apasionados de la náutica, a veces las tormentas no evolucionan como habíamos creído que lo harían. Debido a la soledad en el mar y la imposibilidad de evitar un frente, alguna vez nos toca atravesar una tormenta armados de nuestra experiencia. ¿Cómo se forma una tormenta eléctrica? ¿Por qué se produce el fenómeno del rayo? ¿A qué peligros nos exponemos y qué podemos hacer para minimizar los riesgos? Aquí intentaremos resolver estas dudas.

¿Cómo aparece?

Un rayo es una descarga eléctrica súbita. Para que pueda producirse, tiene que existir una diferencia de potencial entre dos zonas. Generalmente, en caso de un frente atmosférico de desarrollo vertical, las corrientes de aire ascendentes provocan la acumulación de cargas positivas en la parte superior de la nube y negativas en su parte inferior. La base de la nube, cargada electronegativamente influye sobre la carga de la superficie que tenga debajo (tierra o mar) atrayendo cargas de polaridad opuesta (positivas). Este proceso se sucede de manera continuada. La diferencia de carga es cada vez mayor, y puede liberarse de dos formas distintas: cuando se libera entre nubes de diferente carga podemos ver los relámpagos. Cuando estas nubes no encuentran otra forma de liberar la carga que han acumulado, la única manera que tienen de hacerlo es descargando hacia el plano de la superficie de la tierra; es decir, con los rayos.

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¿Es peligroso?

Cualquier cuerpo (ya sea natural o artificial) comparte cargas con la superficie terrestre. En la inmensidad del mar y la homogeneidad de su superficie, nuestra embarcación se convierte en un punto realmente» atractivo» para la descarga. Lo mismo ocurre con los árboles en las praderas o las cimas de las montañas. Debido al pequeño radio de las estructuras más elevadas, por ejemplo la punta del mástil, el campo eléctrico es mucho más intenso. A esto se le llama efecto punta.

Si toca la embarcación

Si nuestro barco es objeto de la descarga directa de un rayo, una enorme cantidad de energía cruzará la embarcación. No todos los materiales permiten conducir esta energía del mismo modo. Los materiales más aislantes, al oponer una mayor resistencia al paso de la corriente, sufren mayor elevación de temperatura. El caso más crítico sería el de una embarcación con casco y mástil no metálico (carbono), ya que se podría producir la destrucción total del mástil y perforación del casco. Por otro lado, el paso de esta enorme cantidad de corriente (algunas decenas de miles de amperios) genera importantes esfuerzos dinámicos. Esto podría provocar desde la rotura de obenques, hasta daños estructurales.

Si cae cerca de nuestro barco

Además del impacto directo de un rayo, un peligro no tan visible es el daño y/o destrucción de los equipos de navegación y gobierno de la embarcación, que puede aparecer por la caída del mismo en las inmediaciones de nuestro barco. Un rayo genera una onda que viaja por el aire en forma de pulso electromagnético. Esta onda, al encontrarse con cualquier tipo de espira conductora, como por ejemplo el cableado de la embarcación, se acopla por el fenómeno de inducción, generando una sobretensión. Así, se pueden producir averías o, incluso, incendios en nuestra instalación eléctrica y en los equipos conectados a ella.

Minimizar los riesgos

¿Qué podemos hacer para minimizar los riesgos en mitad de una tormenta eléctrica? La solución más segura es contar con una instalación capaz de conducir la corriente a través de la embarcación de manera controlada. Una instalación similar a la de una edificación en tierra, pero adaptada a las necesidades particulares de un barco en el mar. Igualmente, es importante la protección de la instalación eléctrica: en caso de estropearse algún equipo de navegación o comunicaciones, se complicaría enormemente nuestra vuelta o un posible rescate. Tanto si se cuenta con las instalaciones de protección adecuadas como sino, tendríamos que tener en mente algunas recomendaciones básicas y muy sencillas de cumplir. Debemos permanecer en el interior de la embarcación y alejados, en la medida de lo posible, de partes metálicas e instalación eléctrica. Desconectar la alimentación de todos los equipos no indispensables para la navegación minimiza las posibilidades de que sean dañados por posibles sobretensiones. Algunas soluciones popularmente conocidas, como la conexión de un cable o de la cadena del ancla alrededor de la base del mástil y dejar el otro extremo en contacto con el agua, pueden parecer la opción más acertada. Sin embargo, al no ser un conductor calculado, de sección suficiente y debidamente sujeto a la estructura, es difícil predecir cuáles serían las consecuencias del alcance directo de un rayo. Con mucha probabilidad, se fundirían los eslabones del ancla o el cable utilizado. Además, al fundirse el material, se establece un arco de varios miles de grados centígrados entre los extremos seccionados, lo que ocasionará, a su vez, desperfectos. Por otra parte, los esfuerzos dinámicos pueden hacer, especialmente en la cadena del ancla, que su masa adquiera una inercia peligrosa: podría ser impulsada y golpear sobre cualquier estructura o elemento en sus inmediaciones, incluidas las personas a bordo. Como hemos visto, hay soluciones y no hay que temer a la mar. Simplemente debemos ser precavidos y respetuosos tanto con la meteorología como con sus consecuencias.

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